Testimonio

 

Siempre he tenido perros.  Todos satitos.  Primero fue Susie, luego, Randy, más tarde Haney y ahora Rocky y Maggie Mae.  Rocky es el único de “raza” Cocker Spaniel. Todos me fueron regalados menos Maggie Mae, a quien adopte por petición de una amiga rescatista. 

 

Esta rescatista, Olguita, se convirtió en una gran amiga.  Através de ella comencé a percatarme del problema grave que existe de perros callejeros.  De su sufrimiento y de la falta de acción tanto del gobierno pero más de nosotros mismos, la sociedad.

 

Un día en Facebook vi que pedían “foster” para una perrita bebecita que habían abandonado junto a su hermanito en un zafacón dentro de una bolsa de comida de perro.  Su hermanito no se salvó pero la gran Kaney sí.  Era hermosa, una pitbull mix con unos ojazos verdes que me enamoraron.  Pedí que me explicaran que conllevaba ser “foster”. Con un poco de temor accedí a cuidarla.  La alimenté y le di mucho amor y al cabo de casi mes y medio le conseguí su “forever home”.  Lloré muchísimo cuando tuve que dejarla ir porque uno se encariňa con ellos, pero sentí una gran satisfacción en poder ayudar.  Sabía que estaría bien.  En ese momento decidí que en la medida que pudiera ser “foster” iba a ser una de las misiones en mi vida.  Ya que no tengo el dinero para aportar en todo lo que conlleva un rescate (evaluación veterinaria, vacunas, tratamientos, etc.) pondría mi granito de arena, tomaría acción de esta manera.  También ando con comida de perro y gato en el baúl de mi carro. Con agua y envases plásticos.  Ya que no puedo rescatar por lo menos le doy alimento a quienes lo necesiten.  He hecho acercamientos a mis amigos y compaňeros de trabajo para colectar dos o tres pesitos de vez en cuando y enviarlos a Huellitas Caídas del Cielo para que se ayuden con los altas cuentas que tienen en los veterinarios.

 

Cuando me sobran unos chavitos, llamo a los veterinarios y hago un donativo.  NO HAY DONATIVO PEQUEŇO.

 

Después de Kaney, vino Rainy.  La pobre con un tumor mamario y “heartworm”.  Recibió toda la atención médica que necesitaba.  A Rainy también le conseguí su “forever home”.  Y más tarde apareció Lola, Lolita como la bauticé yo.  La pobre, su vida corría peligro.  Era una bebé hermosa.  Con unos ojitos negros y dos grandes orejas que parecían antenas.  Me enamoré de ella pero tuve reservas porque era bebé y uno de mis perros es muy ansioso y no puede manejar la conducta de los perros puppys.  Pero Lolita era diferente.  Fue un amor.  Besucona, cariňosa, muy activa pero obediente.  Estuve a punto de quedarme con ella.  Hasta que apareció una amiga que buscaba una perrita exactamente con las caracteríscticas de Lolita.  Le dije tienes que conocerla personalmente, la foto no le hace honor.  Y así fue como también Lolita consiguió su “forever home”. 

 

Lloré muuuuuuuucho pero en el fondo me sentía feliz y muy satisfecha porque estoy ayudando a estas rescatistas que día a día ayudan a tantos perritos. Invierten energías, tiempo y dinero en hacer un trabajo arduo y muchas veces doloroso emocional y físicamente.  Sacrifican su tiempo y hasta sus familias para sacar de las calles a estos angelitos de cuatro patas.  Ser “foster” no es fácil.  Requiere responsabilidad, tiempo, energía y un gran compromiso de amor.  Pero saben qué, provee una gran satisfacción.  Los “fosters” son muy importantes y necesarios.  Es una gran forma de ayudar a esos seres, los rescatistas y a esos angelitos que viven en la interperie, a la merced del abandono, maltrato, miedo, soledad y enfermedad. Haz tu la diferencia.  Yo estoy haciendo mi parte ¿y tú?

 

Carmen Luz Peña Pérez

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